Cuando de manera pacífica cubanos creyentes y no creyentes en un solo festejo veneran a la Patrona de Cuba, Virgen de la Caridad del Cobre y Oshún, orisha (o santa) de la religión yoruba, hoy 8 de septiembre de 2021, como cada año en esta misma fecha, reafirmando sus creencias, realizando promesas, y pidiendo deseos personales; en esta ocasión cumpliendo serias medidas higiénicas y de aislamiento social, a causa de la situación epidemiológica actual; otros piden a su patrón del norte, a su amo imperial,  invasión a su propia patria.

Así lo demostró, Alexander Otaola Casal frente a la sede de la Casa Blanca en Washington DC en una concentración pírrica convocada por él mismo, en una acto de franca ofensa a la virgen de Cuba, y a sus fieles, poniendo en evidencia su pensamiento bárbaro, criminal, y asesino. Una invasión significa muertes de hombres, mujeres, niños, ancianos, mutilaciones, destrucción, traumatismos.

La posición de Otaola no coincide con los mensajes de paz y amor que ha impregnado la Iglesia por los siglos de los siglos. Es un acto contra el solemne nombramiento como  Patrona de Cuba, por el papa Benedicto XV en el año 1916, y contra las advocaciones de la Virgen María. Injuria a los jóvenes esclavos que la encontraron en la Bahía de Nipe y a los mambises que manifestaban su gran devoción encomendándose a ella cuando se lanzaban al combate, e irrespeta a las personas que visitan el Santuario y regresan a sus casas cargando recuerdos del sitio en busca de protección contra los males, y de fe en una vida llena de armonía, bienestar, prosperidad, salud, y tranquilidad.

¿Ante tal ignominia, qué dirían los papas desde Benedicto XV hasta el actual Francisco, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), todos los clérigos cubanos, y toda la población cubana de creyentes y no creyentes que la veneran?